Thackeray es un novelista cuya profunda sensibilidad se oculta bajo su ironía; su método reflexivo, en el que sigue la línea de Fielding, es un realismo intelectual que aplica a su interpretación artística de la vida. Quizá su principal defecto esté en la intromisión directa de su filosofía personal en sus novelas. Pero, siendo moralista, se sentía obligado a enseñar, aunque sus lecciones puedan parecer superfluas. La comparación de Thackeray con Dickens ha tenido siempre visos de polémica, y todavía hoy se apoya en prejuicios. Mientras que se ve en Thackeray un escritor refinado, se considera a Dickens como autor popular, cuando no vulgar, y todo por razones de nacimiento y cultura. Pero se debe tener prudencia y no entremezclar los conceptos. La diferencia no es tan grande ni la separación tan tajante, y es mala disposición para la crítica apoyarse en estos presupuestos . Thackeray es un escritor más consciente que Dickens, y se dirige más a la inteligencia. No quiere parecer tan humano y confidencial como éste, y es más reservado en la expresión de los sentimientos. A Dickens le interesa delatar los desajustes sociales, las pretensiones, el esnobismo. No es artista de impresiones como Dickens, y su estilo carece de la inspiración y de la intimidad de éste. Elabora más minuciosamente, más selectivamente, y no cae en sus crudezas; por ser más culto y maduro, su elocuencia puede alcanzar una dramática belleza que rebasa las posibilidades de Dickens. Carece, en cambio, de la facultad que éste posee de subyugarnos con su poder de captación, su irresistible atracción, su cálida voz de narrador genial , su humana y universal simpatía. Se diría que Thackeray es el anverso de la medalla de Dickens. Ambos murieron de repente, dejando una novela sin terminar; la de Thackeray se titula Denis Duval, y se publicó en 1867.